
- ¡Sacadme de aquí! ¡Quemaaaa!
Sonia se debatía en el agua. Se agarró con las dos manos al borde del tanque y se aupó con ayuda de la cola que daba bandazos a izquierda y derecha como si tuviera vida propia. Bender la atrapó al vuelo, antes de que cayera al suelo como un peso muerto. Fuera del agua, la sirena tenía poca movilidad y la cola parecía pesar una tonelada.
El cuerpo de Sonia estaba frío, muy frío.
Bender la dejó en el suelo, al cuidado de Edgar. Se encaramó al tanque y metió una mano en el agua. Estaba helada. Se había formado una delgada capa de hielo en los breves instantes en que Sonia había estado fuera del tanque, mientras Edgar y el centauro discutían.
- Creo que nuestra amiga Neus está jugando un poco –comentó.
Sonia tiritaba en el suelo. Pero pronto sus propios gritos la hicieron entrar en calor.
- ¿Dónde te escondes, zorra? ¡Sal que te vea! ¡Vamos, te estoy esperando! ¡Me cagu en la mare que te va parí! ¡¡Me has convertido en un puto pescado!!
- ¿Y tú desde cuando hablas catalán? –le preguntó Edgar, con un punto de diversión.
- Hablo lo imprescindible para cagarme en sus muertos.
Bender la miraba con la boca abierta. Luego balbució una disculpa.
- Creo que he hecho algo mal. Voy a arreglarlo.
Quiso poner las manos en la cabeza de la sirena, para buscar en su mente a la verdadera Sonia, creyendo que había traído a la niña del exorcista. Edgar lo detuvo con una sonrisa bailando en la comisura de los labios.
Tranquilo, Bender. Sonia es así –le dijo por el nexo telepático.
Vaya...
El elfo se acercó al tanque de agua, movido por la curiosidad. Bender ni se había dado cuenta del movimiento cuando escuchó su voz tras él.
- Está fría. -Sus ojos almendrados miraron primero al rubio, y después a la sirena y al otro humano. -Pero os equivocáis. Neus es incapaz de hacer nada parecido. Debe de haberse estropeado el termostato.
Varias voces le dieron la razón. Neus era buena. Neus los cuidaba, los alimentaba, los protegía y los quería... Nunca le haría nada parecido a una sirena.
- Siento contradecirte, Legolitas –Bender le dio unas palmaditas en la espalda. –Neus es una arpía.
- ¿Legolitas?
- Es que Orlando Bloom es más alto que tú.
El elfo lo miró con cierta confusión. Finalmente dijo:
- Neus no es una arpía.
- Exacto –dijo la arpía de verdad, la que Bender había dejado encerrada en su celda. – Arpía no hay más que una.
- Y a ti te encontré en la calle –murmuró Edgar.
Sonia, que se había calmado un poco, se encontró observando a Edgar. No había vuelto a verlo desde la paliza de los hombres de negro que, se suponía, eran seleccionadores del concurso Gran Hermano, pero que habían resultado ser secuaces de Neus.
Edgar también la miraba, pero había algo extraño en su semblante.
- ¿No te alegras de verme?
- Claro que me alegro de verte, cariño...
- No me has besado.
- Sí que lo he hecho, pero parecías ocupada repasando los éxitos del pop español en los noventa.
Sonia inclinó la cabeza hacia un lado, preguntándose a qué se refería.
- Bueno, pues bésame otra vez.
Así que Edgar le dio un dulce beso, teñido de una flagrante culpabilidad.
- ¿Qué pasa, Edgar?
- Yo...
- ¿Es por mi aspecto? ¿Por esta puta cola de pez?
- No, no. Estás muy guapa. En serio.
- Entonces, ¿qué pasa?
- Creo que deberíamos empezar a movernos.
- Ah, ya entiendo.
- ¿Ah, sí?
- Si estás preocupado por lo que has hecho en la superficie, no te preocupes. Puedo entenderlo.
- ¿En serio?
- Lluís me dijo que las metamujeres obligan a los hombres a… a emparejarse con ellas.
- ¿Quién es Lluís?
- El ex de Neus. Aunque ahora es un alien. Después de todo, yo he tenido más suerte que él.
- ¿Un alien?
- El Alien.
Edgar no quería seguir con la conversación. No era el momento ni el lugar. Neus y los suyos debían estar acechando. No sabía ante cuantos se enfrentaban, ni de donde saldrían. Aunque esa era la excusa, evidentemente. Lo que lo atemorizaba era el sopapo que le iba a meter Sonia cuando se enterara.
- Edgar, que lo comprendo. No pongas esa cara.
Bender estaba buscando en la biblioteca de recuerdos de Edgar y decidió que en aquellos casos lo mejor era ponerse a silbar.
- Te conozco bien. Hay algo que te está torturando. Vamos, cari. ¿Qué te pasa? ¿Qué te han hecho ahí arriba?
- ¿Que qué me han hecho? –estalló al final Edgar. - ¡Padre!... Entre otras cosas…
Sonia abrió una boca donde cabía un coco.
- ¿Pa... padre? Bueno... Vaya… En fin. Para eso te quería Neus allí arriba. ¿Y dónde... dónde está tu hijo?
Pero luego recordó que la gente de la superficie vivía muy poco tiempo. Crecía en un santiamén.
- ¿Este rubiales es tu hijo?
Bender se apresuró a negarlo.
- No, no. Yo no soy su hijo. Su hijo ha muerto.
- Sonia, de verdad, ya habrá tiempo de hablar de todo esto. Ahora debemos salir de aquí, antes de que aparezca la mala de la película.
- ¿Qué quieres decir con salir de aquí? Lo que vamos a hacer es encontrar a esa puta, y obligarla a que me devuelva mi aspecto de antes. Por cierto, Edgar. Dices que te hicieron padre, entre otras cosas. ¿Hay algo más que deba saber?
Edgar, muy lista tu chica –le lanzó Bender.
Dímelo a mí.
- ¿Y bien?
- Sonia, no es el momento.
- Pues yo creo que sí. ¿Cómo sabes que habrá otro momento luego? Quizá no salgamos vivos de aquí. Mira, Edgar, nunca ha habido secretos entre nosotros. Nuestra relación se ha basado siempre en la confianza. ¿Es o no es?
- Es.
- Dime lo que tengas que decirme. Puedo aceptar lo que sea. Excepto que te líes con un tío, claro –añadió, con una risita.
Edgar se quedó blanco, y Bender se puso a toser desesperadamente. Sonia miró primero a uno y luego al otro. En el pasillo del nivel tres el resto de las criaturas guardaban un silencio expectante.
- ¡Ah, noooo! Dime que no es cierto.
- Sonia...
- Lo que me faltaba. Si es que llevo la negra. En lugar de con un pan, nací con una mierda así de grande debajo del brazo.
- Sonia, por favor...
- Esto sí que no te lo perdono. Primero Emilio, y ahora tú. Cago en Sodoma. Y cago en Gomorra. Y cago en toda la puta Pentápolis.
- Espera. ¿Quién es Emilio? Nunca me has hablado de ningún Emilio...
- Emilio fue mi primer novio. Y nunca te he hablado de él porque me dejó por mi hermano. No era algo que me apeteciera contar, como comprenderás.
- Sonia...
- ¡No me toques!
- Joder. No pensé que reaccionaras así.
- ¿No? ¿Y qué coño esperabas? ¿Que me liara con los dos? ¿Que formáramos una familia feliz? ¿Que viviéramos en una casita los tres, con retoños de los dos?
- No lo sé.
- Edgar.
- ¿Qué?
- Que te folle un pez.
Bender, que había permanecido callado durante toda la discusión, no pudo evitarlo:
- Sonia, tú estás mejor preparada para eso que Edgar.
Se hizo un silencio opresivo.
Y Neus, que había estado esperando a que estuvieran distraídos, entró entonces en acción.












Bravo. Felicitaciones, está muy bueno. Ya quiero leer el siguiente capítulo :D
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